Siete aspectos del ámbito de la construcción en Japón

Iniciar este post ha sido bastante difícil. Bien podría hacerlo, escribiendo sobre mi experiencia de trabajo en Nicaragua, o lo más reciente: trabajar en Japón. O bien, partiendo del mito de que los japoneses trabajan 20 horas, y descansan 4, durante los 7 días de la semana. Respecto a esto último, quizás haya personas que hagan eso, aunque no de forma continua, no es la regla general, y quizás, aún en nuestro medio (latinoamericano) hay gente que lo hace de vez en cuando. Sí, es cierto que en Japón hay un término ( 過労死, Karoshi) que se utiliza para el que se muere por exceso de trabajo, y no son pocos los que se mueren de tanto estrés. Aunque quizás en estos tiempos, es parte de la leyenda urbana, de las historias del proceso de reconstrucción del país, después de la segunda guerra mundial, o de los tiempos de la burbuja (décadas 60, 70 y 80), cuando los japoneses hicieron grande a Japón, algo así como hará Donald Trump en Estados Unidos… no, los japoneses lo hicieron en serio.

En primer lugar, toca mencionar que trabajo en la industria de la construcción. En una empresa dedicada a la protección de laderas, túneles, y otros asuntos. En Nicaragua, trabajé principalmente en suelos y obras verticales (en estudios previos al diseño). En ambas situaciones estuve relacionado con el gremio de la construcción, con los duros de la calle. Aunque en Japón apenas estoy comenzando, y apenas participando en mi primer proyecto, ya puedo notar algunas diferencias entre los de aquí y los de allá. No me refiero a la técnica o la metodología utilizada, sino a los individuos, el comportamiento entre los trabajadores, los tipos que sostienen y dan forma al muñeco. Aquí siete de las diferencias mas notables que he identificado:

1. Los ingenieros civiles, los duros de matar (no en Japón)

En Nicaragua, por bien o mal, el concepto clásico del ingeniero civil es que es una persona dura, tosca, indomable, rebelde, mujeriego, machista y borracho. Además, bueno en Matemática, Física, le gusta el béisbol (porque le gusta la cerveza). Es el concepto de la vieja escuela, antes de los celulares, o de las redes sociales, o de las aplicaciones, en fin, antes del internet. En Japón, las cosas son diferentes, nada de las características anteriores, quizás borracho sí, pero acá es diferente, tomar es una actividad social mas, sin mucha novedad. No se cunetea. Así que la característica de borracho, también se elimina de la lista. Ingenieros civiles en Japón, un profesional más, comparable a un licenciado en administración de empresas, no digo que a un arquitecto, porque ahí, ya sería demasiado denigre, bromas!!.

2. El maestro de obra solamente dirige, apunta, y cuando no está el ingeniero encargado de la obra, manda mas que Nerón desde su palacio (no en Japón).

El maestro de obra por no ser ingeniero civil, pero es jefe, cuando no está el ingeniero es el sabelotodo, arrogante. No mueve un dedo para mover una pala tirada por ahí, para eso están los peones, mucho menos para recoger una basura, eso sería caer demasiado bajo. En el proyecto en el que estoy, hay tres “maestros de obra” (kakarichou), cada uno con su equipo de trabajo y sus funciones específicas. Pero si no fuese por su identificación en el casco, cualquiera que esté fuera del ambiente y se dé un paso por ahí, no notaría quien realmente es el líder de grupo. El jefe está a la par de los trabajadores, haciendo el trabajo fuerte también. La jerarquía en campo es mas o menos horizontal, el supervisor/representante del dueño/contratista, luego el ingeniero encargado de la construcción — luego maestros de obra y trabajadores.

3. El supervisor solamente llega a ver lo malo, criticar y mandar (no en Japón)

Desde los pleitos por el avance de la obra, el cuestionamiento de la técnica utilizada, la calidad de los materiales, entre otros…es lo típico en nuestro ambiente. Recuerdo a la supervisión en un proyecto en el que estuve en Nicaragua, mandando a botar todo el concreto contenido en un camión, porque al de la planta se le pasó la mano con el agua. El ambiente era tenso, con mi compa de trabajo, apostamos que un día se iban ir a los golpes, nunca pasó, aunque nunca lograron entenderse. En Japón, he visto a la supervisión trabajando mano a mano con el ingeniero y los obreros. Colaborando en la seguridad, e instalación de cosas pequeñas. Todos los días hay reunión en la mañana, mediodía y tarde. Se lleva un control exhaustivo de lo que se está haciendo, de cada detalle. Pero no se cuestiona la técnica, porque se confía en el que construye, se confía en la calidad de los materiales. Claro, es Japón, con una cultura, donde no se anda jugando debajo de la mesa, el honor está en juego.

4. Bromas y juegos en el trabajo (no en Japón)

Los japoneses por naturaleza son respetuosos y humildes. Aunque hay algunos arrogantes, e hiperactivos, quedan charquito a la par de un nica con espíritu Güegüense. En Nicaragua el sitio de obra es un caldo de cultivo para las frases mas románticas entre trabajadores, las bromas mas dulces, y ay de aquella fémina que se aventura a pasar cerca del sitio de proyecto. En Japón las cosas son totalmente lo contrario, entre trabajadores hay bromas (según ellos), dichos de niños para un latino. Claro, y estos a la hora de almuerzo, mientras están sentados, fumándose un cigarro. Al momento de trabajar, no hay lugar para otra cosa, más que para el trabajo. No bromas, no juegos. Ni siquiera un “apurate h#$%&%##”, noo, eso solo en Nicaragua.

5. Los sitios de obra son sucios y desordenados (no en Japón)

La limpieza y orden, es una de las cosas que rara vez se conocen en el sitio de obra. En cierto modo, es una evidencia de que se está trabajando, y no hay tiempo para pequeñeces (según nuestro credo). En Japón, el orden y la limpieza son dos cosas que van impregnadas en el ADN nipón. En el sitio de obra, no es raro ver a cada trabajador recogiendo alguna basurita que ve por ahí, y cargándola al cesto de basura correspondiente. Todos los días por la tarde, antes de cerrar el sitio, cada trabajador, colabora a limpiar y ordenar todo, para iniciar el siguiente día con ánimo, y ganas de trabajar. Es realmente impresionante.

6. La seguridad excesiva solamente causa problemas y atrasos a la obra (no en Japón)

No se que tanto se invierte en seguridad en las compañías en Japón, pero en la construcción la seguridad lo es todo. Cada actividad, cada cosa, por muy pequeña y sencilla que sea, tiene un componente de seguridad. Una evaluación del nivel de riesgo, el accidente mas probable, y medidas para evitarlo. Y lo mejor de todo, es que cada trabajador coopera por inercia, hasta ahora no he escuchado ni un solo llamado de atención a alguien porque no estaba usando su equipo de seguridad. Recuerdo las peleas en el proyecto de la mina (una minita de oro donde trabajé en Nicaragua), para hacer que los trabajadores se pusieran el casco, o usaran guantes mientras trabajaban. Otra cosa que impresiona.

7. La oficina del ingeniero en campo es un desastre (no en Japón)

En mis años de estudiante, cuando hice las prácticas en una empresa constructora en Nicaragua, tuve la oportunidad de pasar mucho tiempo en la oficina del ingeniero residente. Un par de computadoras viejas, papeles, planos, y algunas herramientas tiradas por todos lados, y mucho calor. El abanico se encendía, y salía los papeles volando, se habría la puerta o la ventana, y entraba una nube de polvo. Un ambiente no muy agradable. Mientras tanto en Japón, generalmente, hay por lo menos dos oficinas. Una en el sitio de la obra, y otra en un sitio cercano. La del sitio de obra es para los trabajadores, almuerzo y reuniones. La del sitio cercano es la oficina del ingeniero y el supervisor. Dependiendo de la magnitud del proyecto, las oficinas pueden ser independientes. Las oficinas son prefabricadas, ancladas a dos grandes bloques de concreto (1 ton), por medio de cables de acero. En ambas, el piso es alfombrado, y tiene una pequeña refrigeradora, calefacción (en invierno), agua, botiquín de primeros auxilios, vitaminas, bebidas y dulces rehidratantes. La oficina del ingeniero está equipada con internet de banda ancha, una impresora enorme, laminadora para emplasticar, estantes, escritorios, equipos de oficina en general. Como costumbre japonesa, quitarse los zapatos al entrar…todo se mantiene impecable.

Estos son solo siete puntos, de las muchas cosas que hacen diferente la industria de la construcción en Japón, con respecto a la nuestra. Quizás estas sean las causas, o características que permiten al Imperio del Sol Naciente tener la reputación de construir y fabricar cosas de calidad. Como percepción personal, creo que sobre todo esto, el factor común es el respeto y el compromiso, respeto hacia el otro, compromiso hacia el trabajo. Algo de lo que debemos aprender.

*Foto de portada, tomada de Construction IT World

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